Emociones positivas y negativas, el primer error en la gestión emocional
¿Cuántas veces has oído que, si quieres ser feliz, has de eliminar las emociones negativas de tu vida? ¿Cuántas veces te han dicho que las emociones negativas te limitan y te impiden alcanzar tus sueños? ¿Qué pasaría si hoy descubrieses que las emociones negativas “no existen” y que son solo un engaño más del marketing emocional?
Hoy descubrirás qué se esconde detrás de esta clasificación —emociones negativas y positivas— y cómo establecer las bases de una gestión emocional sana.
¿Existen las emociones negativas?
La respuesta corta sería no, pero, para que la entiendas mejor, déjame matizarla.
No existen las emociones negativas desde el punto de vista de emociones malas o buenas. Pero sí existen sensaciones más desagradables o intensas asociadas a ciertas emociones y estados emocionales. Sin embargo, es un grave error asociar la sensación que sentimos con la emoción que la activa.
El miedo es una emoción que nos alerta de peligro y amenaza, y esto es positivo. Pero las sensaciones de sudoración, susto o palpitaciones que puede despertar no son precisamente agradables. De ahí que muchas personas confundan estas sensaciones menos agradables con la idea de emoción negativa.
Pero hay más: la alegría suele considerarse una emoción positiva por las sensaciones que nos genera. Sin embargo, una alegría en desequilibrio puede llevarte a estados de euforia poco sanos, con un impacto negativo en tus decisiones.
Por eso, cuando hablamos de emociones negativas, es importante alejarnos de esa clasificación fácil y ser conscientes, en primer lugar, de si hablamos de sensaciones o de emociones; y, en segundo lugar, de cómo estamos viviendo y gestionando la emoción que nos ocupa.
Quedarte en la simple idea de que el miedo, la tristeza, el enfado y la culpa son emociones negativas, mientras que la alegría es una emoción positiva, solo te llevará a vivir en una lucha permanente con tus emociones.
¿Qué hace que una emoción sea negativa?
Dos son los aspectos que has de considerar antes de referirte a una emoción o estado emocional como negativo o positivo:
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Distinguir entre emoción y sensaciones. El hecho de que, en un momento dado, sientas inquietud, malestar o dolor no significa necesariamente que la emoción sea mala; simplemente es la forma en la que esta se manifiesta para que tomes consciencia de lo que estás necesitando.
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¿Cuánto tiempo llevas en ese estado? Hay varias fases a la hora de gestionar una emoción: activación, toma de consciencia y gestión propiamente dicha. Cuando alguna de estas fases se queda inacabada es cuando esa emoción se cronifica, pudiendo llevarnos a estados emocionales más patológicos. Es ahí cuando la emoción —o, mejor dicho, la falta de gestión de la emoción— se convierte en negativa.
Cuidado con el marketing emocional
Vivimos en una era en la que se lucha, a cada segundo, por captar nuestra atención, y el marketing emocional tiene un papel protagonista en esta batalla. Se recurre a titulares cortos, llamativos y que vayan como dardos directos a nuestro corazón. No interesa tanto que el titular sea verdad o no, sino cómo logra captar la atención del usuario.
Un titular que sea fácil de repetir, que parezca encerrar una gran verdad o incluso que nos ayude a reafirmarnos en lo que pensamos —aunque vaya en contra de nuestro bienestar— será el gancho perfecto para asumirlo como una verdad absoluta e instaurarlo como parte de nuestro sistema de creencias.
Afirmaciones del tipo:
“Elimina el miedo de tu vida y sé feliz”
“Mantén una actitud positiva, sin enfado ni tristeza, ante la vida”
solo te llevarán a desarrollar una relación tóxica e insana con tus emociones.
Así que recuerda esto: todas las emociones son necesarias para tu equilibrio y tu salud, la clave está en cómo las gestionas.
En el canal de Youtube encontrarás una lista de reproducción completa dedicada a la gestión emocional práctica. Puedes verla pinchando aquí.
